La aplicación de biomarcadores a la búsqueda de nuevas farmacoterapias para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer

Alcibiades Villarreal, Lee Anne Gómez, Shantal Grajales, Rosa Arrue, Gabriela Carrillo-Pujol, Frank Ferro, Jagannatha Rao, Gabrielle B. Britton

Resumen


A la fecha, la población mundial ha alcanzado 7000 millones de personas. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (2001) indica que los individuos mayores de 60 años de edad son el grupo de mayor crecimiento en la tierra. En 2000, la población de personas mayores de 60 años fue de 600 millones; en el año 2025 habrá 1.2 billones y, para el año 2050, casi 2 billones. Una de las condiciones que acompaña el envejecimiento cerebral normal es un deterioro en la función cognitiva; una proporción notable padecerá de demencia, y de estas, la mayoría padecerá de la enfermedad de Alzheimer (EA). Se estima que aproximadamente 5 millones de personas en Estados Unidos y 17 millones alrededor del mundo padecen demencia. Para las edades de 85 años y más, del 15% al 30% son afectadas, y las tasas de incidencias se incrementan aproximadamente 1% cada año entre las personas de edades de 65 a 70 años de edad y por 6% a 8% en personas de edades mayores de 85 años. Si se suma a estas cifras la creciente población de personas envejecidas, es evidente que el deterioro en la función cognitiva y la demencia representan un punto focal como problema de salud pública a nivel mundial.

Un objetivo primordial de la investigación relacionada a la EA es retardar o detener el progreso de la demencia. El diagnóstico temprano es esencial, y se conoce que los procesos neurodegenerativos se manifiestan años antes de que aparezcan síntomas conductuales. En el caso de la EA, el diagnóstico se basa en la evaluación clínica y neuropsicológica (a exclusión de otras causas de demencia), pero el diagnóstico definitivo solo se obtiene post mortem. La neuropatología de la EA se caracteriza por la presencia de conglomerados anormales de proteínas intracelulares (tau hiperfosforilado) y placas seniles (beta amiloide). La literatura sugiere que en pacientes de EA la precisión del diagnóstico oscila entre 60-90% y normalmente se realiza cuando el paciente está en etapas avanzadas de deterioro funcional. Durante etapas tempranas de la EA, cuando la intervención pudiera ser más efectiva, el diagnóstico preciso se dificulta debido a que los síntomas clínico patológicos son muy similares a otros tipos de demencia y los métodos existentes no son lo suficientemente sensibles. Por lo tanto, es necesario el descubrimiento de biomarcadores que permitan identificar pacientes en riesgo e intervenir en etapas tempranas de la demencia. Los biomarcadores son parámetros (fisiológicos, bioquímicos, anatómicos, conductuales) que se pueden medir in vivo y que reflejan características específicas de procesos patológicos de la enfermedad.

El presente capítulo resumirá diversas estrategias en la aplicación de biomarcadores para detectar la EA y diagnosticar la patología con mayor fiabilidad que los fenotipos cognitivos y conductuales tradicionales. Estas estrategias incluyen (1) la detección de las proteínas tau y beta amiloide en líquido cefalorraquídeo (tau) y en plasma (tau y beta amiloide), (2) la aplicación de técnicas de neuroimagen (como la de imagen por resonancia magnética, IRM) para la identificación de lesiones, infarto y patrones de atrofia cerebral, (3) el uso de tomografía por emisión de positrones (PET) y tomografía computarizada por emisión de fotones individuales (SPECT) para visualizar depósitos de beta amiloide, y (4) otras estrategias como la aplicación de la electroencefalografía (EEG). También se resumirán algunas pruebas neuropsicológicas comúnmente utilizadas para registrar el grado de deterioro cognitivo durante la progresión de la EA, y se evaluará su validez, valor predictivo y relación a biomarcadores anatómicos y bioquímicos.

Una amplia literatura indica que el proceso de neurodegeneración en la EA es multifactorial, i.e. múltiples procesos bioquímicos en diferentes etapas de la enfermedad producen la constelación de modificaciones estructurales y funcionales asociados a la EA. Por esta razón, la efectividad de biomarcadores depende de la capacidad de predecir la EA durante etapas tempranas y de monitorear la progresión de la EA. La disponibilidad de biomarcadores facilitará el diagnóstico temprano y proporcionará criterios objetivos de valoración. El capítulo propuesto resumirá los avances en la búsqueda de biomarcadores de la EA, y evaluará su capacidad de predecir el riesgo de padecer EA y guiar la eficacia de farmacoterapias para el tratamiento de la EA.

Palabras clave


biomarcadores, farmacoterapias, alzheimer, tratamiento

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